El fútbol colombiano libra una batalla que no se juega en la cancha pero que definirá el
dinero de todos los clubes para los próximos cuatro años. La puja por los derechos
audiovisuales del fútbol profesional, con contrato vigente venciendo el treinta y uno de
diciembre de dos mil veintiséis, ya tiene tres ofertas sobre la mesa y acusaciones de
conflicto de interés.
La Dimayor confirmó el tres de agosto que recibió múltiples propuestas en el proceso de
invitación privada para adjudicar los derechos audiovisuales y digitales del período dos mil
veintisiete-dos mil treinta. Por primera vez desde dos mil veinte, Win Sports tiene
competencia real.
Tres son las ofertas: Win Sports propone setenta y tres millones de dólares anuales, con
garantía de pago dólar sobre dólar y una cláusula de prioridad que le permite igualar
cualquier propuesta hasta el treinta y uno de diciembre. La segunda: una alianza de
Paramount y Disney, enfocada en streaming y orientada principalmente al G8. La tercera: el
proyecto Dimayor TV de Mauricio Correa, que promete cien millones de dólares anuales,
pero sin garantías de que esa cifra se alcance.
Aquí entra la denuncia del periodista Alejandro Pino Calad: Correa sería el mismo que firmó
los contratos actuales entre la Dimayor y Win Sports, y quien más se beneficiaría si esos
acuerdos son anulados. Varios dirigentes del fútbol ya expresan su desconfianza.
El G8 — Nacional, América, Medellín, Junior, Cali, Santa Fe, Millonarios y Once Caldas —
advirtió que no cederá sus derechos de imagen mientras no exista un nuevo modelo de
distribución más equitativo entre los treinta y seis clubes del fútbol profesional.
El negocio más importante del fútbol colombiano no se define en la cancha. Lo que se firme
en los próximos meses determinará el poder económico de los clubes por los próximos
cuatro años. Quienes manejan el balón también quieren manejar la pantalla.
