Ángel Di María cerró su segunda etapa en el Benfica de Portugal con una imagen que dolerá en la memoria de los hinchas. Lágrimas en el rostro y la mirada perdida tras la derrota 3-1 ante el Sporting de Lisboa en la final de la Copa de Portugal. El Estádio Nacional fue testigo de una despedida que el rosarino soñaba distinta, con una vuelta olímpica que no llegó.
El partido comenzó esperanzador para las Águilas, que se adelantaron con un gol de Orkun Kökçü al minuto 47 de juego. Sin embargo, cuando ya se saboreaba el título, el Sporting encontró el empate en el agónico minuto 90+11, gracias a un penal convertido por Viktor Gyökeres. El extenso tiempo añadido respondió a varias interrupciones por revisión VAR y sustituciones demoradas en los últimos minutos.
Este golpe anímico desmoronó al Benfica, que en la prórroga no pudo reaccionar: Conrad Harder y Francisco Trincão completaron la remontada, sellando el 3-1. Di María, que ingresó en el tiempo extra, no logró revertir la historia. A pesar de su entrega y de generar algunas situaciones, el marcador no se movió a favor de los suyos. Al sonar el pitazo final, el argentino rompió en llanto, consciente de que acababa de disputar su último partido con la camiseta del Benfica.
Con 36 títulos a lo largo de su carrera, pasando por los clubes más importantes de Europa, Di María se enfrenta ahora a una decisión crucial: regresar a Rosario Central o poner fin a su carrera profesional. Las amenazas recibidas por su familia en Argentina complican su retorno, y su participación en el próximo Mundial de Clubes con el Benfica es incierta. Lo único claro es que su despedida en Lisboa fue tan emotiva como inesperada.
