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Por: Juan Camilo Villa M. – @juanvillamunera

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Juan Carlos Osorio ha sido un colombiano que se ha podido codear con la crema y nata del fútbol mundial, producto de haberse preparado en la cuna de este deporte y destacándose en medio de figuras que parecen muy lejanas para nuestro medio, pero que lo respetan y quizá más que nosotros al más capacitado y conceptualizado entrenador que ha nacido en este país.

La historia comienza como un jugador emergente de un buen Deportivo Pereira y desde entonces ya era compañero de su fiel amigo Pompilio Páez, quien como muchos de sus discípulos tuvo que hacer el esfuerzo de jugar de lateral derecho hasta poderse ganar un lugar como mediocentro. Es que no es casualidad que haya hecho jugar a Farid Díaz de volante para convertirlo en un mejor lateral o a Mafla de extremo por derecha para hacerlo más fuerte en sus duelos ofensivos y aumentar su confianza, o a Sebastián Gómez como volante lateral izquierdo para que ampliara su abanico de juego interior al de juego exterior o a Helibelton Palacios de central para que se comprometa más con el juego aéreo. Hay que remitirse a las experiencias que vivenciaban Osorio y Páez en los ochenta cuando jugadores extranjeros eran inamovibles y ellos soñaban con tener un lugar en el equipo para hoy dejar de llamar a sus variantes tácticas pedagógicas: inventos.

Cuánto hubiera dado Osorio en su corta etapa como futbolista profesional por que su entrenador tuviera la rotación como principio y le hubiera permitido participar más dentro del grupo. Esto hizo que el nacido en Santa Rosa de Cabal tomara la decisión de recoger algún dinero trabajando y luego prepararse para ser un entrenador que preparara equipos competitivos que merecieran ganar y bueno la historia lo ha demostrado , derrotó a un campeón vigente del mundo en una Copa del Mundo, eliminó a un Cruzeiro mejor primero de la fase de grupos de la Copa Libertadores con un modesto Once Caldas, ganó la liga colombiana tres veces de manera consecutiva, registro que no ha sido superado, dirigió a un gigante del continente como São Paulo, fue asistente del Manchester City cinco años, y es el primer colombiano en obtener la licencia pro de la Federación Inglesa de Fútbol.

Todos esos registros son de público conocimiento y al final se quedan pequeños al lado de la verdadera preocupación de Juan Carlos Osorio por mejorar nuestra vida como sociedad colombiana a través del fútbol, como sistema de valores y principios. «La mejor manera de aprender el juego es a través del juego». Así mismo en la vida, se aprende arriesgando, equivocándose y repitiendo las buenos comportamientos que en situaciones de presión le permiten a un individuo tomar buenas decisiones.

Superar las reacciones instintivas del cerebro reptiliano en situaciones donde se combinan la expectativa, el escrutinio público y las consecuencias de una decisión, bajo una condición de máxima exigencia atlética. Eso es jugar bien en el fútbol profesional de alto nivel. O al menos ese es el mensaje que quien escribe ha captado de muchas alocuciones del ‘míster’, tratando de escudriñar su discurso.

En la vida del ‘Profe’ hay dos maestros, seguro hay más, pero es recurrente en dos llamados Alex. En la manera de ser el jefe en un equipo de fútbol a Ferguson y en la manera de vivir a Rovira. A Sir Alex lo tuvo cerca entre los años 2001 y 2006 cuando fue asistente del Manchester City, pudo ver los trabajos del escocés de cerca a pesar que eran rivales y fue de él precisamente de quien aprehendió la rotación, en su momento en una entrevista con FIFA citó las palabras que le dijo el entonces timonel del Manchester United: «En este nivel lo importante es que todos jueguen. Porque el dinero ya pasa a un segundo plano» y «En cualquier actividad de la vida, el ser humano se siente parte de un grupo cuando se le da la oportunidad de participar activamente con el grupo. El jugador es igual».

Frente a Alex Rovira, hay que decir que es un personaje inspirador para Osorio, es un empresario y escritor español que teoriza sobre la gestión del talento, las personas y el pensamiento creativo. De tantas frases que ha citado el risaraldense la que resume todo, en mi opinión, es: «La felicidad es la ausencia de miedo». Así abrió su presentación en julio del 2019 cuando decidió regresar a Atlético Nacional y volver a encaminar un proyecto que divagaba entre entrenadores y jugadores que no llenaban las expectativas de un entorno ‘verdolaga’ acostumbrado a lo más alto, a donde Don Juan Carlos visualizó al equipo en 2012.

Todavía tiene sueños por cumplir como el fútbol argentino, el europeo en propiedad y dirigir la Selección Colombia, seguro de nuestra nacionalidad es el más capacitado, no creo que seamos tan miopes para privarnos de un entrenador como él.

No sé si sea el mejor entrenador de este país, no sé si haya mejores, no sé si tiene más errores que aciertos, porque mi opinión no es la verdad de nadie distinto a mi, pero si los tiene es apenas normal, porque como lo dice uno de sus referentes, Marcelo Bielsa: «Deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción».

Cúmpla unos 59 muy felices, profesor y qué suerte de coincidir en el tiempo con usted y no haberlo tenido que estudiar en libros o documentales.

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