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Por: Juan Camilo Villa M. – @juanvillamunera

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Alexandre Guimarães perdió el control de cómo estaba llevando a su equipo. Su estilo es muy intuitivo, hay que reconocerle que casi siempre sabe interpretar los momentos emocionales de su equipo, pero la sensación que queda después del empate sin goles ante Nacional de Uruguay en Pereira es que entró en la misma confusión de sus dirigidos.

Nacional es un equipo entusiasta, un equipo que siempre trata de encarar las situaciones adversas con la mejor actitud y muchas ganas de ir a buscar los resultados, pero con eso no basta en un torneo internacional, tiene falencias tácticas evidentes y depende en exceso de sus individualidades.

El técnico del equipo manifestó en rueda de prensa que había sido un muy buen partido de sus jugadores, lo que evidencia un intento férreo de no dejar caer al piso el ánimo, de demostrar que es el primero que cree en su plantel, pero que seguramente sabe que esta situación se la ha salido de las manos y debe encontrar una solución, que no ve clara, para intentar ganar los dos partidos restantes de Libertadores.

Los equipos campeones siempre tienen momentos de sufrimiento, momentos de crisis, pero se aferran a su idea de juego y al trabajo pase lo que pase, con la fe de un creyente de que su esfuerzo se verá recompensado porque hay un plan. En este caso no es claro para qué ni por qué se hacen los esfuerzos porque el plan tampoco lo es.

Depende mucho de ‘corazonadas’, el mismo entrenador lo ha manifestado que toma decisiones de esta manera, pero no aprovecha elementos del juego como la pelota quieta, no tiene sorpresas o variantes tácticas más allá de que los de abajo estén sólidos y en algún momento alguno de los atacantes ‘frote la lámpara’.

Sostener a Jonatan Álvez en uno de sus peores partidos hasta el final es muestra de que apela a cuestiones del azar y de fe, como esperando que el fútbol recompense la persistencia. Pero en el alto nivel, aunque eso es importante, más lo son los argumentos futbolísticos y tácticos.

Solo queda esperar que un entrenador con experiencia enfríe su cabeza y aclare sus pensamientos, de modo que pueda recuperar el nivel que su equipo tuvo en partidos como los de Guaraní y Libertad porque al hoy tiene jugadores con mucho talento, con mucho hambre, pero desorientados y confundidos. ¡Ojalá nos calle la boca, profesor!

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