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Por Juan Carlos Jiménez Herrera
El profesor Juan Carlos Osorio es un hombre cuya inquietud por aprender de los mejores – según su criterio – lo ha llevado a asumir el compromiso de dejar un legado para el fútbol colombiano bajo su concepción del juego.
No es un secreto que aquellos personajes preocupados por conocer, aprender y posteriormente aplicar dichos aprendizajes al campo real, con la idea de contribuir al desarrollo y mejoramiento, lo primero que despiertan en los demás, es envidia, aquella que suele entenderse muy bien con la rabia; sentimiento que en algunos casos lleva al rechazo inmediato. Nuestra sociedad le teme al cambio y colocamos una barrera que nos impide brindarnos para disminuir el porcentaje de ignorancia. Aunque sea una obviedad, lo que se aprende es algo que se deja de ignorar.
El método del profesor Osorio no es el único ni el más ganador, pero sí es diferente, capaz de despertar amores y odios. Seguro que no se las sabe todas y no creo que exista alguien que sí. La convicción es el camino que conduce al éxito en cualquier área de la vida. Mientras esto ocurre, se pierde y se gana. Llevando esto a un análisis periodístico, no puede ser motivo para hacernos perder la objetividad. Esto no deja de ser más que un juego en el cual se involucran gustos, sentimientos y pasiones.
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Personalmente difiero en muchas cosas con él. Por ejemplo: algunas actitudes arrogantes y/o egocéntricas a la hora de entrar en un debate con la prensa. Quiero pensar que seguramente son producto de la frustración momentánea por algún resultado deportivo. También algunas incoherencias o contradicciones en su discurso, en fin.
Todo en la vida se aprende. Valoro y respeto su trabajo, igual que el de cualquier entrenador. Antes de juzgar, procuremos entender. Así seguramente sumaremos en lugar de restar.
