Este texto no necesariamente compromete ni representa la posición del medio de comunicación. Las ideas representadas en él son responsabilidad del autor
Por Santy Martínez
La afición de ambos equipos tenía cada una su motivación. La del Nacional esperaba ganar el juego para consolidarse en el primer lugar. La del Medellín, por su parte, tenía la misión de reivindicarse de la derrota (1-3) sufrida ocho días atrás ante su archirrival.
La hinchada del Verde es la que más quiere a su equipo: quien más quiere es quien más acompaña, aunque siempre tenga la incertidumbre de no conocer la formación titular. La hinchada del Rojo, en cambio, conocía la estructura inicial de su equipo para el juego: 4-4-2.
Muy raro que Nacional, partido tras partido, siga siendo desequilibrado y volvió a serlo en el clásico. En Medellín, su volante creativo apareció en primera línea, acompañando a Larry Angulo (ninguno de los dos es de marca) y raro que en su zona se haya producido el mayor número de faltas. El jugador de mayor inspiración en el Verde, marcado con el número 10, fue “El Rifle” Andrade; raro que haya aparecido tirado sobre la izquierda y todo por tener la obligación permanente de contener a Didier Delgado. Jugando ahí, “El Rifle” perdió tener toda la cancha de frente; difícilmente proponer paredes y, además, hizo un desgaste innecesario. Era como si Nacional tuviese el cerebro en la oreja. Quien ha tenido desalientos es quien más sabe de alientos, por eso en el Medellín es protagonista su arquero Mosquera Marmolejo, con su saltabilidad y seguridad para los balones aéreos, buena ubicación y una que otra voladora espectacular, comienza a ganar adeptos. Sumado a Andrés Cadavid, “El omnipresente”, que es motor para Murillo y para todo el equipo.
En la primera parte del juego el Deportivo Independiente Medellín no tuvo elaboración, cosa rara teniendo dos volantes de creación en el terreno de juego. El planteamiento del profesor Aldo Antonio Bobadilla, equilibrando la defensa, le propició que en una jugada de autohabilitación de Juan Fernando Caicedo le resultara un sombrerito y -como había atacado el espacio- Leo Castro se encontró con la pelota y fusiló al arquero Cuadrado.
En el segundo tiempo Atlético Nacional asumió más tareas ofensivas y atacó con cuatro elementos, por supuesto, perdía el partido y estaba obligado. El Rojo fue ordenado, sabía que el riesgo lo tenía que enfrentar el Verde. En una jugada sobre la derecha donde Nacional ya había anunciado que podía propiciar el caos en la defensa escarlata, Quiñones envía un centro, Cadavid intenta despejar y el balón le queda justo para el cabezazo de Jefferson Duque, empatando el clásico. Duque salió expulsado por una plancha sobre Ricaurte y en el Medellín fue expulsado Larry Angulo.
Lo que no pude entender es por qué el señor Don Juan Carlos Osorio no sustituyó a un jugador con tantas limitaciones y con escaso aporte como González Lasso. El DIM que se había asomado al precipicio, dejó el miedo a las alturas y concilió primero su paso a la fase de grupos; además, pudieron ser tres puntos, si tuviesen un mejor trabajo en ataque, ya que la jugada del final donde atacaban cinco y defendían tres, por la falta de trabajo en ataque y las malas decisiones, le privaron de llevarse la victoria.
Los mejores de la cancha fueron los capitanes de campo: Daniel Muñoz, un jugador con personalidad, verticalidad, profundidad y versatilidad. Fue el Master Class del partido. El antioqueño debe estar en la mira de muchos. En la vereda del frente, Andrés Ricaurte fue el mejor del rojo, quien camina por el sendero que pocos transitan en un equipo ávido de ídolos. Para destacar, el crecimiento que ha tenido el defensor nacionalista Helibelton Palacios.
Por último, y no menos raro, nombraron a un Gallo para el clásico y decepcionó el señor Nicolás.
