Por: Daniel Ezeta
Esta mañana el mundo se despertó con la triste noticia del fallecimiento del Papa Francisco. Rápidamente, las redes se llenaron de mensajes de pesar, lamentos y homenajes desde todos los rincones del planeta. Y es que Jorge Mario Bergoglio fue mucho más que el primer Papa latinoamericano; fue un líder espiritual que supo romper moldes, tender puentes y mostrar el lado más humano de una institución que, por momentos, parecía lejana o incomprendida, pero a la que supo devolverle esa cercanía, humildad y esperanza.
Francisco nunca ocultó su gran pasión por el fútbol. Con sus 88 años de edad, no solo cargó la cruz de Pedro, sino también la pasión por la camiseta del club de sus amores: el San Lorenzo. En su autobiografía Esperanza (2025), escrita a partir de sus conversaciones con el periodista italiano Carlo Musso, reveló que siempre le gustó jugar al fútbol. “Daba igual que no fuera muy bueno. En Buenos Aires, a los que eran como yo los llamaban pata dura. Algo así como tener dos pies izquierdos. Pero jugaba. A menudo hacía de portero».
Su historia con el fútbol no era parte de una estrategia de comunicación: era muy real. Incluso en los pasillos del Vaticano, nunca dejó de ser ese hincha fiel del “Ciclón”, donde recordaba emocionado a Farro, Pontoni y Martino. Mostraba con orgullo su carné de socio número 88 235 del San Lorenzo. Y casi como un designio del cielo, el 13 de agosto de 2014, su amado equipo ganó la Copa Libertadores, el máximo trofeo de clubes en América.
En muchas entrevistas y visitas, mostraba su buen humor bromeando sobre fútbol, pero también hablaba de la importancia del deporte como un camino de esperanza, respeto y fraternidad. Alguna vez dijo que el fútbol “es el deporte más bello del mundo” porque enseña a jugar en equipo y a no dejar a nadie atrás.
Durante su pontificado, el Papa Francisco recibió a muchas figuras del fútbol mundial. Entre ellos, Lionel Messi, Buffon, Ronaldinho, Kaká y Carlos “El Pibe” Valderrama, quien lo saludó en un evento por la paz. Fueron encuentros entre ídolos, pero también entre creyentes en el poder que tiene el deporte para unir corazones.
Aún hay muchas historias que quedan por contar, pero el legado del Papa Francisco no quedará solo en la Iglesia católica, sino también en las tribunas, donde conviven la fe, la pasión y la unión.
Descansa en paz, Francisco.
