Este texto no necesariamente compromete ni representa la posición del medio de comunicación. Las ideas representadas en él son responsabilidad del autor

Por: Juan Esteban Gómez

Publicidad

Última fecha del torneo clausura de 2011, un torneo donde Medellín había sido líder en las primeras fechas y luego a mediados del torneo peleaba para no ser último. Con ese ritmo había sido realmente inesperado que el Rojo llegara a esta última fecha con posibilidades de clasificar en ese grupo de 8 que pelearían por un título. Pero así fue.

La sensación ya la conocemos los hinchas del poderoso: ver un partido, escuchar otro y tener la tabla de posiciones a la mano. Es casi una película y del resultado depende que sea una de terror o una donde todos terminen abrazándose.

Era domingo y estaba haciendo el clima perfecto para ir al estadio, un Medellín que guardaba los últimos restos del equipo que salió campeón en 2009 con un recambio regular en el mejor de los casos.

Todo empezó mal, la casa ya se empezaba a ver embrujada al minuto 11 cuando Tiptón no siguió a Cuero y el futuro ex Medellín puso el 1-0. Al minuto 20 ya habían matado al amigo escéptico del protagonista porque Cuero otra vez puso el 2-0 , ya la clasificación se veía lejos y el personaje principal empezaba a sudar frío sabiendo que él seguía.

En medio de esa oscuridad y sufrimiento salió un poco de luz, el protagonista empezaba a atar cabos y resolvía la encrucijada que le iba a permitir seguir con vida. Quién más si no el mejor del equipo, Luis Fernando Mosquera, campeón en 2009 y de lejos el mejor jugador de este Medellín descafeinado, puso el 1-2 parcial y después un Santiago del cual no quiero recordar el apellido puso el 2-2. Acababa el primer tiempo y el protagonista estaba manchado de sangre pero seguía listo para dar la pelea.

Al segundo tiempo el protagonista salió armado y listo para acabar con la amenaza, fue complicado pero al minuto 75 Jaime Castrillón puso un 3-2 poco probable y se veía en el horizonte un final con abrazos y celebraciones, el júbilo estallaba en las tribunas y la gente en el estadio se pellizcaba para ver si era cierto que el protagonista acababa de escapar del asesino con la motosierra.

Pero no todo es tan sencillo y después de haber echado el cuerpo de Jason al lago una mano salió y arrastró al protagonista a las profundidades. Al minuto 83 John Pajoy empató el partido y luego con el protagonista agonizante al asesino levantó su mano con el machete empuñado. Al final no hubo abrazos, fue otra película de terror más y el partido terminó 3-4.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here