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Por: Juan Pablo Jaramillo

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La noche del 15 de marzo de 2017 nunca fué ni será otra más. Comenzaba otra Copa Libertadores para el Deportivo Independiente Medellín, su rival, nada más ni nada menos que River Plate, el equipo del “muñeco” Gallardo.

El rojo venía de quedar campeón de Liga colombiana y River, si bien había conseguido cosas importantes, su actualidad inmediata no era la mejor, inclusive se rumoreaba que la continuidad del “muñe” estaba en duda en caso de una derrota en el coloso de la 74. 

Eran casi las 4 de la tarde de un día oscuro pero copero. Se respiraba un aire diferente, claro, uno de los mejores equipos de américa pisaba suelo paisa y la gente sentía que Medellín no iba a ser inferior al reto, pues tenía en su nómina jugadores diferentes como Juan Fernando Quintero y Christian Marrugo.

El espectáculo estaba servido, no importaba que fuera miércoles y que fuera tan temprano, la gente empezaba a cubrir el obelisco de rojo, pero la lluvia llegó, los aficionados que caminaban por las afueras del estadio se veían inquietos por el mal clima, pero era obvio, a Medellín no le convenía jugar en esas condiciones porque su juego era de toque al piso, por el contrario, a los argentinos les iba a venir bien la situación. 

Nada parecía ser más allá de un simple aluvión previo a un partido de fútbol, pero las horas pasaban y la lluvia, lejos de cesar, incrementaba. Seis, siete de la noche y llovía más y más duro, personalmente, jamás ví que lloviera con tal intensidad por un tiempo tan prolongado en la ciudad, lo habitual es que pasaran las horas y todo se calmara, pero se acercaba más la hora del partido y llovía aún más. 

Ahora era el espectáculo el que estaba en riesgo, los hinchas colmaron el coloso, inclusive, hinchas argentinos ocupaban parte de la tribuna sur, todos con carpas que para ese momento poco podían hacer ante semejante vendaval. Se preparaba una fiesta en las tribunas con un tifo monumental, la gente cantaba sin parar, pero las pruebas de los comisionados de conmebol que junto con el árbitro del partido inspeccionaron el estado del campo, daban más para cancelación que para iniciar un evento internacional.

Se postergó el kickoff, se volvieron a hacer pruebas y el balón se estancaba en los pronunciados charcos de una cancha con excelente drenaje, pero que para semejante cantidad de agua no podía aguantar. Las personas en las tribunas cada vez más perdían la paciencia, pero la organización necesitaba jugarlo de cualquier manera, porque el evento en términos monetarios tenía que marchar sí o sí. 

De un momento a otro, sorpresivamente, los equipos saltaron a la cancha, los capitanes, Leonardo Ponzio y Cristian Marrugo, totalmente emparamados le hacían gestos de inconformidad y negación al árbitro del encuentro, que no le importó nunca la cantidad de agua que cayó. El partido inició y como era obvio, la lluvia sería la protagonista principal, los jugadores hacían jueguitos con el balón para avanzar con el mismo y pasados algunos minutos empezó a parar la lluvia.

Ya el daño estaba echo tanto para la cancha como para el juego de Medellín que ante la viveza de su rival y las condiciones del campo no pudo conseguir una victoria que en ambiente se veía posible. River Plate terminó ganando el partido 3-1 en un juego que nunca se debió jugar, su técnico, el “muñeco” Gallardo se salía con la suya y se llevaba una victoria vital en su futuro con el equipo millonario.

¿ Qué pasó esa noche en el Atanasio Girardot?, ¿ Por qué llovió tanto y se jugó el partido?, ¿ Qué hubiera pasado si se jugaba otro día? Lo cierto es que el tiempo pasó y para el “muñeco” esa extraña noche fue su salvación. 

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