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Por: @redondaalcuadrado

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Sin paciencia no habríamos tenido nunca la segunda Libertadores. Porque mucho antes de llenarnos de maizena tocó esperar a que medio Medellín insultara a Osorio por poner a dos «negros malos» en casi todos los partidos: Henríquez y Berrío.

Pero nos cayó la boca, los acopló al equipo, les enseñó como aprovechar su fenotipo y fueron ídolos de una generación que no esperaba ese éxtasis continental.

Aún así, volvimos a caer. Nos agarramos otra vez con el terco de Juan Carlos, al que nunca nadie le ha adivinado una formación, y le tiramos toda la miseria a su indicio, su obsesión con un jugador de potencia innata como Baldomero. 

«Es el mejor atleta del fútbol colombiano», insistió algún día el ‘profe’ y con esto fue suficiente para que se derrocharan chistes y memes en redes sociales.

Si alguien no conoce bien acerca de la doble moral paisa solo debe entrar en dos partidos al Atanasio, para que la primera vez escuche a su vecino silbar y putear y al siguiente juego decir «ese muchacho es muy bueno».

En Medellín somos así, llevados de nuestro parecer e impulsivos pa’ calificar si algo nos sirve o no. Antes de haber lanzado los madrazos debimos mirar atrás, para el 2015 cuando ‘Baldo’ formó en el Santa Fe campeón de Copa Sudamericana, cuando le empató a Sportivo Luqueño desde afuera del área o le marcó de cabeza a Santos en el 2016.

Hoy- que no son silbidos sino aplausos; que no son quejidos sino alientos- me gustaría reconocerle al buen Perlaza, que además de haberlo dado todo para mejorar sus condiciones en el campo, tuvo el coraje de soportar una hinchada que ha partido en pedacitos a muchos blanditos; tuvo la madurez para agradecerle los elogios a quienes por dentro se siguen arrepintiendo, como yo, de haberse ido encima de tremendo ‘negrazo’.

Esto es una disculpa, Baldomero. Esto es una promesa para seguir creyendo en los procesos, en el tiempo que requiere el éxito.

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