El 19 de noviembre de 2005 el Santiago Bernabéu iba a ser testigo de una noche mágica, pero ninguno de sus galácticos sería el protagonista.

Ronaldinho, la flamante figura del Barcelona, iba a encargarse de mostrarles a los aficionados merengues cómo es que se juega fútbol, dribló, corrió, hizo goles y terminó desesperando a todo el mundo, hasta Casillas, que lo sufrió tanto, terminó resignándose a dejarlo jugar.

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