Quintana lo dejó todo claro: no hay nadie que pueda escalar a su ritmo en el ciclismo mundial, o por lo menos entre los que disputaron el Tour Colombia 2.1.

Tuvimos que esperar hasta el día de montaña para verlo lucirse, como nos demostró en 2014 con victoria en el Giro, 2015 de subcampeonato en el Tour y 2016 que alcanzó la gloria en la Vuelta.

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El pasado domingo se vivió una etapa para la memoria del ciclismo colombiano. 400 mil espectadores se volvieron locos cuando vieron la escapada de seis colombianos: Miguel Ángel López, Nairo Quintana, Iván Sosa, Egan Bernal, Rigoberto Urán y Daniel Martínez.

Sin mirar hacia atrás, confiados de sí y entregados al esfuerzo, no volvieron a encontrarse con el lote en el resto de la carrera. Sin embargo, entre la gran asistencia y la intensidad que generaba ver cómo se destacaban los ‘escarabajos’, Nairo Quintana e Iván Sosa fueron víctimas del público.

Hubo un vacío en la algarabía y el aliento de la gente. Como si los antioqueños le hubiéramos fallado al Tour, después de todos los elogios que habíamos recibido. Pero hubo revancha.

Miguel Ángel López apretó el paso con Egan Bernal como escolta, siendo el único que podía arrebatarle la gloria al boyacense. Se midieron y se pusieron cara a cara, como en plaza de toros. En medio del duelo de ambas promesas apareció el experimentado Nairo, que se levantó de la caída, dejó atrás a Sosa y les pasó de largo a los dos candidatos al título.

Nairo representa el tercer momento glorioso del ciclismo colombiano. Después de Cochise y Botero, fue el encargado de devolvernos los sueños en dos ruedas, ratificándolo una vez más en la sexta y última etapa del Tour Colombia 2.1.

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