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Colombia es un país donde se practica el fútbol de manera masiva, tenemos ligaa competitivas en ambas ramas y proyectamos una cantidad importante de jugadores hacia el fútbol internacional, cada vez más somos un país respetado en el mundo del fútbol y no es esto lo que esta columna quiere señalar sobre el fútbol femenino.

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El fútbol femenino colombiano tiene actualmente a las campeonas de la Copa Libertadores con el Atlético Huila y en términos generales los seleccionados nacionales son competitivos. Sin embargo lo mejor que ha tenido su crecimiento va más allá del desempeño y el buen suceso deportivo.

En nuestro país nos gusta el fútbol, pero no tenemos cultura futbolera, poco se entiende del juego y el espectáculo se ha reducido por el foco desenfrenado en el dinero y la violencia. La liga femenina nos está dando una lección en este sentido, nos está educando en el fútbol y nos ha devuelto la alegría de apreciar y disfrutar el fútbol por el fútbol mismo y no por un título, por tener una supremacía o por rivalidades que de manera inaudita se trasladan afuera de los estadios.

Con lo anterior no se quiere decir que las mujeres no sean competetitivas o quieran ganar, que no tengan ambiciones y que no quieran ganar dinero, son jugadoras profesionales y buscan su sustento en el deporte. Por el contrario estas chicas sorprenden de buena manera por las ganas y los deseos con que compiten, se divierten y denotan aún ese espiritú amateur que como espectador llena más la retina que planteamientos timoratos que vemos a menudo en los hombres.

Este fin de semana se jugó el primer clásico femenino ‘paisa’ de la historia y fue una verdadera fiesta del fútbol, no se guardaron una sola gota de sudor y las barras «populares» convivieron en la misma tribuna sin el más mínimo indicio de violencia, agresión o irrespeto por el rival, como siempre ha tenido que ser.

El ambiente que genera el fútbol femenino es el idóneo para disfrutar este hermoso deporte, es emocionante y hay un entorno de fraternidad. No por lo anterior deja de ser igual de serio o competitivo, hemos caído en el error de que el fútbol es una guerra y no un momento de alegría, finalmente nunca dejará de ser un juego.

Las jugadoras profesionales hoy por hoy han elevado su nivel que se veía anteriormente muy lejano, se ven dribles, cierres, disciplina táctica, fortaleza, combinaciones, intensidad y todo lo que hace de este deporte un espectáculo único

Debemos apoyar y aprender cada vez más del fútbol femenino así como ellas aprendieron del masculino, no se debe pretender que se parezca o sea igual al balompié de hombres, ellas han creado su propio estilo, su propia cultura y más allá de falencias o errores que tambien comterán, el fútbol femenino está marcando un camino para recuperar la esencia de nuestro juego favorito.

Juan Camilo Villa M – @juanvillamunera



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