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Así es el fútbol, pibe. Pasás 10 años en un club, solo 37 partidos jugados entre 2014 y 2019, y al otro día, cuando te vas, te toca enfrentar a la institución que te vio crecer.

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Por eso es que el fútbol tiene historias épicas, revanchas lindas que solo las cuentan los amantes a la pelota. A Christian le tocó volver al Atanasio vestido de Leopardo en el segundo partido de la temporada, cuando no había nisiquiera terminado de desempacar en su nuevo apartamento de Bucaramanga.

Con las emociones revueltas, una sonrisa vacilante entre la picardía y la nostalgia, la oportunidad estaba sobre la mesa para demostrarle a Nacional el arquero que nunca aprovechó.

Lo que no esperaban los 26 mil espectadores que fueron a ver debutar a Osorio y sus 7 refuerzos en el Atanasio era que uno de los que dejaron ir, sin dejar vacío ni preocupación alguna, le iba a amargar el carnaval a Jarlan, la parrillada a Ceppelini y Cucchi.

Al 24′ evitó un gol de los que hacen en la Premiere, en una tocata a un pase entre el folklor de un argentino y un samario que incluyó sombrerito; y al 35′, el mismo rematador, que gira esa zurda pa’ donde le dé la gana, se intimidó ante la salida de Christian en el área chica y terminó rematando al cuerpo del arquero, la oportunidad más clara que tuvo el Rey de Copas en todo el juego.

30 veces remató Nacional, 7 a puerta. El ahora titular – estrella del Bucaramanga vio al balón acariciar los verticales, sobrepasar el horizontal, rebotar en los centrales y – lo mejor de todo- estar entre sus brazos.

Bucaramanga vino a la capital antioqueña solo para hacer figura a Christian, porque no hizo nada más. Y si el equipo se vio replegado en el primer tiempo, en el segundo estuvo con el agua hasta la nuca.

Vio pasar los cabezazos de Muñoz y Reyes cerca a los palos, le atajó uno a Cucchi a menos de un metro, agarró un remate de Ceppelini en la raya, rechazó un balón contra el pie de Barcos y aún así el marcador permaneció en tablas.

Fue ahí entonces, cuando los remates no cesaban, que Vargas terminó de convencer a la radio, la televisión y los espectadores que él era la figura indiscutible del partido, el único responsable de ese irascible cero a cero para los verdes.

Para culminar tan gustosa noche en su revancha deportiva – porque hay duda de la gratitud del pereirano con Nacional – tuvo tiempo de cancherear, tirarse al piso y llamar asistencia médica.

Desde la tribuna silbaron, abuchearon, insultaron, hijueputearon, se arrancaron los pelos. Pero ahora, que lo vemos con cabeza fría, eso lo hizo más figura, más picante, más relevante para el desarrollo del partido.

Ahí lo tenés Christian, la noche que esperabas tener con Nacional pero la tuviste contra Nacional. De haber brillado así vestido de verde habrías sentado a cualquier Cuadrado, que hasta ahora no se consolida. Pero esto es fútbol, pibe, y nadie puede esperar nada de él.

Por: Daniel Osorno M.

Fotografías: Daniel Osorno M.

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