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Por: Daniel Osorno

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Roma fue una caldera roja por esos d√≠as de mayo. El mismo rojo ardiente del fuego sobre la le√Īa, de la sangre que se riega en el pavimento. Humo, telas, remeras y caras pintadas celebraban la llegada del ‘Diablo’ a las puertas del Vaticano.

Los sonidos eran indescifrables, a la vista solo estaba aquella bruma carmesí y el ambiente era tenso, confuso, pero singular: entorno de final de Champions.

En medio de la conglomeraci√≥n lleg√≥ el bus que transportaba al otro bando, el encargado de sacar a los ‘devils’ de tierras santa. Un batall√≥n que combinaba la astucia de los experimentados con la vitalidad de los j√≥venes, y como si se tratara de un grupo de gladiadores cruzando las puertas del Coliseo, entr√≥ Barcelona al Estadio Ol√≠mpico.

El comandante era un tipo que se hab√≠a ganado el cari√Īo y el respeto del pueblo por ser blaugrana de coraz√≥n, catal√°n de nacimiento y por haber salido vencedor en batallas donde se derram√≥ m√°s ADN cul√© que sangre.

Muchos aseguraban en la antesala del partido que era el final del buen caminar de Guardiola. En las filas del United hab√≠an soldados excepcionales como Cristiano Ronaldo, Ryan Giggs, Wayne Rooney, Rio Ferdinand, y como m√°s sabe el diablo por viejo que por diablo, a la cabeza de tan rica n√≥mina estaba Sir Alex Fergusson, un temido general del f√ļtbol.

Era 27 de mayo del 2009, sonó el cántico de los campeones y ambas escuadras brincaron al terreno de juego. Vestidos de azul y rojo estaban Víctor Valdés, Carles Puyol, Yaya Toure, Gerard Piqué, Sylvinho, Sergio Busquets, Xavi, Iniesta, Lionel Messi, Thierry Henry y Samuel Etoo.

Luego sonó el pitazo inicial y el estadio, una caldera roja de 67 mil humanos, no paró nunca de alentar. Ronaldo, el Aquiles de Manchester, disparó tres veces al arco en los primeros minutos. Fue una avalancha, un ataque incesable por parte de un ejército despiadado.

Los Hermanos Grimm contaban que alguna vez existi√≥ un campesino capaz de enga√Īar al Diablo en dos ocasiones hasta quedarse con un preciado tesoro. Este equipo de creyentes al ‘cruyffismo’, bajo una orden concreta de tocar y moverse, logr√≥ incomodarlo de tal forma que termin√≥ abriendo las puertas del mism√≠simo infierno con un gol de Etoo al minuto 10.

Cuando el inframundo queda expuesto trae sus consecuencias. El remate de la primera mitad fue m√°s campo de batalla que de juego, m√°s roces que filigranas.

En el segundo tiempo bajaron los golpes y empezó el tiki taka. La idea de Pep se hizo realidad en Roma. El Barca llovió en oportunidades, ideas y combinaciones. Desorbitaron por completo el mandato de Fergusson.

Tanto así que Messi, el enano que pasará a los libros de historia, se sostuvo en el aire de tal forma que le ganó la espalda al más grande del equipo rival, Rio Ferdinand, y aseguró la tercera Copa de Campeones del equipo de Catalunya con un cabezazo para el recuerdo infinito de cualquier barcelonés.

Eso de que el diablo solo tienta aquel con quien ya cuenta parece puro refr√°n vencido. El United tambale√≥ sobre las cuerdas un a√Īo despu√©s de haber sido campe√≥n de ese mismo torneo. Hab√≠a nacido algo m√°s feroz, m√°s invencible que el Manchester de Sir Alex: el Barca de Guardiola.

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