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Hay muchas posibilidades para construir un club de fútbol. Desbordar el presupuesto para traer jugadores por todo el mundo o invertir en reclutadores y una buena cantera, son algunas de ellas. Sin embargo, en este balompié globalizado y sin fronteras, ya se ven pocas instituciones buscando unir grupos que sientan la tierra y los colores.

Cuando el ‘Poderoso’ brinca a la cancha va con ellos el poncho, las montañas y la familia antioqueña; la «S» que sobresale de todas las otras letras, la bacanería y la berraquera que nos hace especiales a los paisas.

Se siente en las gradas, en el banquillo y en la gramilla. Previo al compromiso con Junior, último juego del Medallo en casa, 6 titulares cerraron los ojos y se agarraron el corazón cuando sonó el himno antioqueño, y uno más, acogido por esta ciudad para hacerlo goleador histórico, lo cantó a todo pulmón.

Pero a eso súmele, que cuando terminó la pieza musical en los parlantes del Estadio, 22.500 espectadores continuaron cantando lo que faltaba del poema de Epifanio Mejía.

Eso sí es ser de pura sepa papá, porque una cosa es despertar orgullo por títulos y otra por ver el talento que brotó de la misma tierra donde hoy se juegan la vida los rojos.

De las capitales del fútbol colombiano, Independiente Medellín es el equipo con más jugadores de su región, que cuentan con minutos en competencia oficial. 11 futbolistas son paisas: Andrés Cadavid, Bryan Castrillón, Jaime Giraldo, David González, Mateo López, Jhonatan Marulanda, Andrés Mosquera, Andrés Ricaurte, ‘Titi’ Rodríguez, Héctor Urrego y Juan Manuel Cuesta.

Junior tiene 7, Cali 8 y Nacional 7, siendo los que más se acercan. Millonarios tiene más paisas que capitalinos en su plantilla.

Esto explica el por qué del hincha apasionado e incondicional que tiene el ‘rojo de la montaña’. El equipo y la gente son uno solo, un mismo ADN. No importa cuánto se sufra en los 90 minutos, porque más que al equipo, la tribuna está apoyando a su región, a su tradición.

En las gradas hay olor a tinto; están Don Javier y Don Carlos, que llevan toda una vida visitando al Atanasio, sugiriendo cambios desde el minuto 5, y no falta ‘care torta’ y Medallo (el perro) voleando bandera en la primera fila de occidental.

Esto es lo que compone uno de los paisajes más hermosos que tiene la Eterna Primavera: la fiebre roja entre tanto verde que nos rodea.

Por: DOM

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