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Desde hace más de 10 años siendo un adolescente, con curiosidad a flor de piel, me empecé a interesar por deportes que no son de tanto fanatismo en Colombia o que no tienen la suficiente difusión; uno de ellos es el Baloncesto. Sin entender
mucho de lo que es comencé a observar y entender los movimientos, dribles, pases y tiros; la posesión de 24 segundos y de cómo un partido de 48 minutos puede durar hasta 3 horas o más.

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Tras ver varios partido e ir cogiéndole el hilo al juego y ver muchos equipos, llegaron los Boston Celtics y su particular estadio,el TD Garden. Fue un amor a primera vista, con su color verde y blanco, que llevo tatuado en el alma  y su cancha tan única con la madera veteada y un duende irlandés en la mitad.

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Sin todavía poder entender muchos aspectos del juego y vibrando más por la emoción de sus canastas y pases, me fui volviendo un hincha que cuando podía le sacaba el espacio para ver uno que otro partido, pero que sentía mariposas en el estómago por el equipo mas veces ganador de la NBA. Con los altibajos de la pubertad a la luz del día y por la poca transmisión televisiva, fui dejando de seguirle el rastro por mucho tiempo al equipo, mas no así a la NBA, por lo que disfruté mucho de las series entre San Antonio Spurs de Tim Duncan, Tony Parker y  Manu Ginóbili, y el Miami Heat de Dwyane Wade, Cris Bosh y el Rey LeBron James, además la racha actual de enfrentamientos entre Golden State, Warriors y Cleveland  Cavaliers.

Si bien solo me enganchaba con los Playoffs o las Finales, en el año de 2017 empecé a seguirle el rastro más detalladamente a al equipo de Boston. Que con un pequeño en estatura pero grande en calidad Isaiah Thomas y un entrenador joven pero que ya daba muestras de carácter único en la liga, Brad Stevens me volverían a conquistar. A pesar de no ser el gran equipo que en
alguna época supo tener el quinteto verde con el gran Bill Russell o Larry bird, si era un equipo con una entrega y lucha hasta el final, pero así es el amor verdadero, no importa cuanto tiempo pase, no importa cuantos más pasen por tu lado, ni la distancia que existe; si es verdadero uno siempre vuelve.

Hoy por hoy la NBA tiene una particularidad y es que un equipo que llegue a la final juega más o menos unos 100 partidos durante la temporada que dura aproximadamente 8 meses, de los cuales intento ver por lo menos unos 80 de ellos; porque así es el amor verdadero: intenso, pasional y sobretodo una compañía constante. Por eso cada noche durante la larga, pero a su vez corta temporada tengo una cita amorosa con una pelota naranja y con mi gran amor verde, los Boston Celtics.

Daniel Muñoz – Twitter: @Dafelim

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