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Mencionar el nombre Ronaldo es hablar de talento, magia y habilidad; goles, gambetas y títulos; también de dolor, frustración y superación; pero, sin lugar a dudas, la mejor palabra que se le relaciona a este nombre es: FÚTBOL.

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La carrera deportiva de Ronaldo Luiz Nazario de Lima es digna de una serie maratónica de Netflix, de esas que tienen 10-12 capítulos por temporada. Los momentos de gloria y de tristeza son una constante en la trayectoria del brasilero. Después de cada momento de felicidad llegaba inmediatamente un hecho de desilusión o luego de no haber una sola luz de esperanza, resugría como si nada hubiese ocurrido.

Ser figura durante el Mundial del 98 y tener que jugar – por obligación – la final contra Francia, luego de haber pasado la noche entre convulsiones y vómitos; llegar al Inter como el mejor del mundo, con el Balón de Oro en su maleta, y pasar más tiempo con el médico que con sus compañeros; jugar el Mundial del 2002 con apenas 15 partidos disputados en el año, con las rodillas llenas de tornillos, y alzar su segunda Copa del Mundo, además de ser el goleador del torneo; pasarse unos kilitos de más en 2006 y aún así convertirse en el máximo goleador de los mundiales, hasta ese entonces.

Ronaldo era como un miembro de la familia. Nadie lo criticaba. Todo lo que hacía estaba bien hecho y cuando sufría, sufríamos con él. Verlo en la pantalla de nuestros televisores era un placer, así tocara madrugar y la imagen fuera borrosa.

‘El Fenónemo’ cautivó a propios y ajenos de este deporte. Hizo que el fútbol se volviera más global. Puso de moda uno de los peinados más controvertidos en la historia, su nombre se volvió tendencia en las decisiones de los hombres que tendrían hijos y en cada continente había un niño con el sueño de ser el próximo Ronaldo.

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Y es que Ronaldo le enseñó al mundo que para jugar al fútbol no había que vestirse a la moda o tenía que ser lindo, simplemente se debía tener diversión a la hora de tocar la pelota.

Pero más allá de lo futbolístico, el mítico número 9 le dijo al mundo cuál debe ser la actitud cuando ocurre una adverisdad. Los triunfos de la vida no se consiguen de manera inmediata ni con trabajo fácil. El camino hacia el éxito jamás será plano y sin ninguna pendiente.

Los goles y las gambetas de Ronaldo me hicieron enamorar del fútbol, pero su perseverancia y su coraje me hicieron enamorar de la vida.

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